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24 de enero de 2017

¿Por qué un niño hace pataletas más allá de los 4 años?

Las pataletas son expresiones descontroladas de rabia y frustración que se expresan a través de una serie de conductas que pueden ir desde llorar, gritar, tirarse al suelo, pegar y morder, entre otras. 

Los niños realizan estas conductas porque no tienen otra forma de expresar el malestar que les genera el desear algo que no pueden tener, es decir, es una forma de comunicar, a través de conductas no verbales, lo que no pueden expresar con palbras. Las pataletas se consideran normales y forman parte del desarrollo vital de un niño, iniciándose a los 2 años de edad. Generalmente estos episodios de estrés culminan a los 4 años de edad, sin embargo, existen tres factores que pudieran influir en que un niño mayor de 4 años de edad continúe haciendo pataletas.

El primer factor es el temperamento, el cual es un conjunto de características biológicas que determinan la manera cómo un niño enfrenta y reacciona al mundo. Los niños que presentan un patrón temperamental de tipo hiperreactivo son altamente sensibles a los estímulos del ambiente, lo que implica que se estresan fácilmente, son más irritantes, se frustran con mayor facilidad y con mayor intensidad, por esta razón les es más difícil controlarse y calmarse. Por lo tanto, lo más probable es que este tipo de niños sea más propenso a hacer pataletas.

Un segundo factor, son situaciones puntuales que acontecen en la vida cotidiana de un niño que no se pueden evitar, como por ejemplo, la separación de los padres, la muerte de algún ser querido, cambio de casa o colegio, o el nacimiento de un hermano, entre otras situaciones. Ellas implican para el niño un cambio en su vida diaria y generan una situación interna de malestar, que no pueden expresar verbalmente, por lo tanto, lo hacen a través de las pataletas.

El tercer y último factor que influye en la intensidad, en la frecuencia y en la edad del niño que hace pataletas, es el estilo de crianza de los padres y cómo ellos regulan a sus hijos en momentos de estrés. El rol de los padres, en el momento en que sus hijos están realizando pataletas, es ayudar al niño a calmarse, a regular sus emociones y que aprenda formas adaptativas de expresar y resolver los conflictos. No se puede pretender que un niño en la etapa preescolar aprenda a regularse solo, si nadie le ha enseñado. Si un cuidador inhibe las conductas estresantes de un niño, como el grito, el llanto, las patadas, o si reacciona con rabia, retando y castigando, los niños no aprenderán a identificar, expresar, comprender y controlar sus emociones, por el contrario, el castigo y el reto le producirá aún más rabia y en vez de calmarse se descontrolará y desregulará aún más. Es importante que los padres y cuidadores entiendan que cuando los niños hacen pataletas no se están “portando mal” ni tienen la consciencia de querer molestar al otro con sus conductas. Solo están comunicando, de la única manera que pueden hacerlo, su rabia y malestar.

Entonces, ¿Cuál es la mejor forma para calmar a un niño?

Lo primero es acercarse, aproximarse de un modo calmado, si el adulto está enojado y estresado por la situación, es muy difícil que pueda regular a un niño, en ese caso, es necesario que el adulto pueda separar sus propias emociones de las emociones del niño, preguntarse, ¿Qué me pasa a mí cuando el niño está haciendo pataletas? Las pataletas, no solo son estresantes para el niño, si no también para los adultos.

Luego, colocarse a la altura visual del niño, de tal manera que ambos puedan mirar el rostro del otro (simetría visual y corporal), pero si el niño no quiere mirar al adulto es importante que no se le obligue, si se le obliga, puede estresar aún más al niño y en vez de calmarlo, le va a producir aún más rabia.

Después tratar de calmar al niño, con palabras simples, breves, claras y concretas de lo que le está ocurriendo. Al mismo tiempo, tratar de desviar la atención ofreciéndole alternativas que le parezcan interesantes, por ejemplo, "yo se que estás enojado porque no puedes tener ese juguete, pero puedes jugar con este otro", o "yo se que tienes rabia porque quieres salir a la plaza, pero puedes jugar con los legos", o "yo sé que tienes rabia porque no puedes ver televisión, pero te puedo leer un cuento". Así el niño aprende a desviar la atención cuando el adulto le ofrece alternativas diferentes a las que él desea. Las negativas siempre deben estar seguidas de elementos positivos. En ocasiones los niños no quieren que les hablemos, dado que cuando el niño está haciendo una pataleta está desbordado. En ese caso debemos reflejarle lo que le pasa de manera escueta y quedarnos en silencio cerca suyo. 

Muchas veces ocurre que estamos con más de un niño y hay uno que está haciendo la pataleta. En esos casos, es recomendable alejar al niño que se encuentra desbordado y llevárselo a un lugar tranquilo, alejado de los otros niños, para que no se sienta observado y para evitar que los niños que no están estresados, experimenten angustia y malestar al ver a su compañero. Una vez que el niño esté tranquilo, es importante que el adulto hable con el resto de los niños para que en palabras simples, concretas y breves les explique la situación. Por ejemplo, "Nicolás se enojó porque quería jugar con los autitos, pero ahora está tranquilo y va a jugar con los trenes". Siempre es importante, en primer lugar, preocuparse por el niño que se encuentre en una situación de malestar y luego hablar con los niños que fueron espectadores. Con esto, enseñamos a nuestros niños que sus cuidadores estarán disponibles para ellos cuando lo necesiten.

Cuando un cuidador significativo regula al niño adecuadamente, se comienza a desarrollar un apego seguro, ya que éste se construye en la adecuada regulación de situaciones de estrés. Además le enseñamos que estaremos presentes y disponibles para contenerlo y apoyarlo cuando lo necesite.

Constanza Labarca
Psicóloga Infanto-Juvenil
Fundación Nepsis