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TRASTORNO BIPOLAR

¿Qué es la Bipolaridad?

La Enfermedad Bipolar se caracteriza por una inestabilidad del ánimo en la que pueden presentarse períodos de depresión y de euforia alternadamente, sin importar el tiempo que dure cada uno de ellos (meses, semanas, o días). Es un cuadro persistente, cíclico y recurrente sobre el cual la persona no tiene control.

Existen varios subtipos de Enfermedad Bipolar, desde los cuadros más leves, que suelen pasar inadvertidos, hasta los cuadros más graves, que son evidentes para todo el entorno de la persona enferma. Sin embargo, es fundamental tratar cualquiera de ellos, ya que incluso las formas leves pueden evolucionar a formas más graves.

Se presume que quienes sufren Enfermedad Bipolar han heredado una vulnerabilidad biológica que trae como consecuencias el desequilibrio de un sistema mediado por las sustancias químicas del cerebro, llamadas neurotransmisores.

En algunos casos, es esta vulnerabilidad, unida a situaciones sociales adversas, la que origina la enfermedad. En otros casos, puede presentarse espontáneamente, sin que sea gatillada por estresores ambientales.

La Enfermedad Bipolar puede afectar a cualquiera y manifestarse en personas maduras, sanas y equilibradas; de cualquier edad, cultura o posición económica.

 

¿Qué puedo hacer con un diagnóstico reciente de trastorno bipolar I?

Hay algunos aspectos generales respecto al diagnóstico reciente que es importante tener presente, tanto para el paciente como sus cuidadores:

  • La enfermedad no te define:

El trastorno bipolar es solo una parte de lo que a uno puede ocurrirle (una parte que puede ser inesperada o incómoda),  pero que es mejor aceptar y enfrentar de una manera racional.

  • Requiere cuidados de largo plazo:

Como la mayor parte de las condiciones médicas.  Muchas veces para referirnos al tratamiento o la enfermedad, los médicos usamos expresiones como “para toda la vida” o “es una enfermedad que no tiene cura pero se puede manejar”.  En realidad prácticamente todas las condiciones en medicina (salvo algunas infecciones, traumatismos, y otras) son condiciones que no se “curan” sino que se manejan, porque la mayoría de ellas son manifestaciones de una interrelación de vulnerabilidades genéticas y factores ambientales.  En este sentido, no podemos modificar nuestra herencia genética (aún no), pero sí podemos actuar sobre nuestro ambiente (nuestros hábitos y el tratamiento).

  • No estás solo:

El trastorno bipolar I no es una enfermedad rara, ocurre aproximadamente en el 1% de la población (o algo menos) por lo que muchas personas comparten la misma experiencia. Si consideramos las manifestaciones menos intensas de la manía, puede llegar al 4-5 %.  Es importante saber que al ser una enfermedad con alta carga genética, es muy posible que algún familiar directo padezca de una condición similar (no solo bipolar I, sino que otras alteraciones del ánimo como trastorno bipolar II, ciclotimia y depresión mayor recurrente). Pensar en ello y saber cómo otras personas han lidiado con esto puede ser útil.

  • No banalizar la enfermedad:

Muchas personas tienden a pensar que la enfermedad es una moda o una condición propia de artistas o cool. La verdad es que es una enfermedad que puede traer serias consecuencias en el desempeño habitual y producir sufrimiento, a ti y tus seres queridos, por lo que su cuidado hay que tomárselo en serio.

  • No es un asunto de una sola persona:

Una característica del trastorno bipolar I, es que los episodios de manía son intensos y usualmente son acompañados de la incapacidad de darse cuenta que algo anda mal. Más aún, las personas muchas veces sienten su autoestima aumentada, con mayores capacidades que las usuales, más sexy o con poderes especiales.  Por esta razón es importante desde el principio involucrar alguien cercano, de confianza, un “cuidador”, que pueda ayudar con los aspectos del tratamiento, a dar reportes a los médicos y a detectar los síntomas tempranos de una posible recaída.

  • Lo importante es prevenir las recurrencias:

El diagnóstico de trastorno bipolar usualmente ocurre en dos tipos de situaciones: cuando alguien está enfrentando un episodio maníaco, o cuando se está cursando un episodio depresivo y a través de la historia clínica se detecta un episodio maníaco en el pasado. En ambas situaciones la preocupación tanto del paciente como del médico es el episodio agudo (manía o depresión) sin embargo es tremendamente importante entender que para la mayor parte de las personas que sufren trastorno bipolar, la recurrencias de episodios (manía o depresión) es la característica más importante.  Mantener el foco en el largo plazo es tanto o más importante que manejar el episodio actual.

  • No es un asunto de medicamentos (solamente):

Si bien el manejo del trastorno bipolar I no se concibe sin medicación, no quiere decir que esta sea la única forma de tratamiento.  El objetivo es traer estabilidad anímica a través de una serie de cuidados que permitirán evitar nuevos episodios como por ejemplo, ordenar los ritmos circadianos, tener una alimentación balanceada, practicar ejercicio físico aeróbico en forma regular, asistir a psicoterapia orientada al trastorno bipolar, evitar sustancias que afecten el sistema nervioso central (lícitas e ilícitas), etc., y además, medicamentos que tengan efecto en la prevención de nuevos episodios, conocidos como estabilizadores del ánimo.  

  • Los medicamentos tienen efectos beneficiosos y otros no deseados:

Si bien ha habido avances notables en la farmacopea del trastorno bipolar, las alternativas no son tantas, por lo que debemos cuidar cada intento que hacemos con un nuevo medicamento para optimizar sus beneficios y minimizar sus efectos no deseados. Conocer las opciones, identificar sus efectos adversos para poder atenuarlos en el caso que se pueda, tolerarlos si no se puede modificar o suspenderlo si no se supera el riesgo beneficio de su uso, todo esto en acuerdo con el médico tratante y usarlo según la prescripción.

 

¿Cómo puedo manejar mi trastorno bipolar?

El trastorno bipolar consiste en la recurrencia de episodios de manía y/o depresión. Para la mayor parte de las personas los episodios depresivos ocuparán la mayor parte del tiempo que estén sintomáticos. Sin embargo, lograr estabilidad anímica y prevenir recurrencias son los objetivos primordiales, incluso más que el manejo de los episodios agudos (que usualmente son autolimitados).

Algunas recomendaciones que pueden ayudar al manejo:

  • Aprende a utilizar registros del ánimo:

Existen formas de poder mantener un registro de las fluctuaciones del ánimo y la relación que estos tienen tanto con el tratamiento como con posibles factores desencadenantes de episodios.  Esto permite conocer el carácter de la enfermedad, si los tratamiento son o no efectivos (es decir si están cambiando el curso de la enfermedad) y cuáles son los tipos de desencadenantes más importantes para usted.   Además permite comunicarse mejor con su médico respecto a la evolución entre visitas.

  • Mantén hábitos de vida saludable y peso apropiado.

  • Sé ordenado en el uso de sus medicamentos.

  • Aprende a manejar los efectos adversos de la medicación

  • Ten planes de contingencia ante la inminencia de una recaída, para minimizar los efectos perjudiciales de los episodios, tanto de manía como de depresión.  

¿Qué hábitos o estilos de vida saludables son importantes en el trastorno bipolar?

Podemos entender los trastornos bipolares como una manifestación extrema de inestabilidad anímica, por lo que incluir en nuestro estilo de vida hábitos que mejoren la estabilidad del ánimo, es fundamental.  

  • Rutina de sueño:

Posiblemente el hábito más importante sea regular los ritmos circadianos (relojes biológicos que permiten que diversas funciones corporales tengan ritmos específicos y sincronizados, como el sueño, temperatura corporal, nivel de energía, etc.), siendo el más relevante el horario y duración del sueño. Para la mayoría de los pacientes, los trastornos del sueño son una manifestación de un episodio anímico (insomnio o hipersomnia en depresión y menos necesidad de sueño en la manía); pero también la alteración en las rutinas de sueño pueden ser un desencadenante frecuente de un episodio anímico, tanto de depresión como de manía.  Es importante tener rutinas regulares para dormir, que no sean muy variadas, por ejemplo entre días de la semana y fin de semana. Eso significa ser ordenado en programar las actividades diarias y estar preparado para los tiempos en que los requerimientos cambian (periodos de más trabajo o exigencia académica, vacaciones, etc.).  

  • Otras rutinas biológicas y sociales:

Los horarios de comida, el momento en que se produce primer contacto social, el ejercicio, etc. Sincronizar algunas de estas rutinas permite reforzar o “anclar” mejor los ritmos circadianos, por ejemplo levantarse y luego desayunar.  Si además, eso va acompañado por ejemplo con un contacto social (desayunar con otras personas, llamar a alguien), tiene un impacto positivo en sincronizar apropiadamente nuestros relojes biológicos. Recuerde todas las rutinas sociales son útiles, por ejemplo las horas de comidas, de estudio o trabajo, de ejercicio, de ocio, etc.

  • El ejercicio físico aeróbico:

Practicado en forma regular (3-4 veces por semana) de cierta intensidad (30 minutos al menos) es una buena forma de cuidar nuestro corazón y también nuestro cerebro.

  • Restricciones sobre el uso de sustancias:

Nos referimos a sustancias lícitas o ilicitas que actúan sobre nuestro cerebro y que potencialmente pueden alterar nuestros ritmos o el funcionamiento. Se debe tener cuidado con el uso de estimulantes (bebidas colas, café, té de diversos tipos,  cigarrillos o bebidas energizantes), de prescripción, u otras sustancias lícitas como el alcohol, o ilícitas (marihuana u otras drogas).

  • Control de los medicamentos:

Hay medicamentos de prescripción que pueden producir inestabilidad o desencadenar un episodio (de depresión o manía), por lo que siempre es importante informar a los médicos que visitemos (no solo al psiquiatra) de esta condición y de los medicamentos que estamos usando. Importante en este caso es el uso de antidepresivos (que a veces son usados para el manejo de otras condiciones como el dolor, prevención de cefalea, etc.), estimulantes (manejo del déficit atencional), corticoides y otros compuestos esteroidales (usados a veces en el manejo de inflamación, otras condiciones reumatológicas, acné, etc.). No quiere decir que no podamos usar nunca estas sustancias, pero sí es importante estar advertidos de sus posibles consecuencias.

 

¿Cómo los estilos de vida saludables pueden ayudar en el tratamiento del trastorno bipolar?

Los estilos de vida saludable que ayudan a mejorar la estabilidad anímica, como el buen dormir, rutinas regulares, ejercicio físico aeróbico regular, alimentación balanceada, mínimo consumo de sustancias estimulantes u otras, etc., no son componentes “blandos” del tratamiento en comparación con los medicamentos o la psicoterapia, sino que son fundamentales para mantener la estabilidad en el largo plazo.  

No seguir estas medidas posiblemente se acompañe de resultados menos buenos, con presencia de síntomas de menor intensidad que un episodio completo pero que confieren malestar y baja funcional, o mayor frecuencia de episodios.

Muchas veces, para manejar estos episodios se recurre a aumentar la dosis de medicamentos o la cantidad de ellos, aumentando los efectos adversos no deseados y empeorando la calidad vida, pasando por alto los aspectos relacionados al estilo de vida.

Por ello, adquirir o seguir estilos de vida saludable como los mencionados, que promuevan la estabilidad afectiva, también “es” tratamiento, al igual que la medicación estabilizadora y la psicoterapia dirigida al trastorno bipolar.

 

¿Cómo mi trastorno bipolar I puede afectar a mi familia?

Un aspecto particular del trastorno bipolar I es la presencia de episodios maníacos, que por su intensidad y la pérdida del "insight" (dificultad para darse cuenta que está enfermo) y en ocasiones del juicio (con la aparición de síntomas psicóticos), pueden ocasionar mucha perturbación a quienes nos rodean. Usualmente deben usar mucha energía en el trato con alguien maníaco, ya que la persona se torna difícil de manejar, irritable e incluso violenta.

Para algunas personas puede llegar a ser traumático por las difíciles decisiones que en ocasiones de deben tomar (por ejemplo internación contra voluntad), suspender manejo del dinero, etc.  

Una vez pasado el episodio puede ser difícil recomponer una relación de confianza (por ambas partes) e incluso puede ser difícil de lidiar con situaciones extremas (violencia, indiscreciones sexuales, hechos delictuales, etc.). 

Conocer esta condición a través de grupos de psicoeducación, manuales, sitios web o tener contacto con otras personas que han vivido experiencias similares puede ser útil para no sentirse solo, evitar la desmoralización y mejorar nuestras capacidades para cuidar a nuestros seres cercanos.

 

¿Cómo el trastorno bipolar II puede afectar a mi familia?

A diferencia del trastorno bipolar I, los episodios de exaltación anímica del trastorno bipolar tipo II son de menor intensidad y por definición tienen menor interferencia en la actividades diarias (incluso puede haber incrementos en la eficiencia); sin embargo la recurrencia de episodios depresivos es la característica central del trastorno bipolar II, con episodios que pueden ser de diversa magnitud, de leve a muy grave (que pueden requerir internación por ejemplo).  

Además del impacto de enfrentar un episodio depresivo propiamente y ver a nuestro ser querido que sufre o no puede funcionar como lo hace usualmente, otro aspecto que impacta a la familia se relaciona a la recurrencia de los episodios, ya que estos interrumpen los proyectos personales y las relaciones, como por ejemplo la carrera académica, sostener el trabajo, o las relaciones de pareja.   Estos aspectos puede ser difíciles de entender y soportar para la familia y otras personas cercanas de quien sufre de este trastorno.  

Otro aspecto a considerar es que el trastorno bipolar II se asocia con similar impacto funcional y riesgo suicida que el trastorno bipolar I; en este sentido no es una condición más “suave”.

 

¿Cómo el trastorno ciclotímico puede afectar a mi familia?

El trastorno ciclotímico se caracteriza por fluctuaciones anímicas que no alcanzan la intensidad de un episodio mayor (depresión o manía/hipomanía) y aunque no tiene el mismo impacto funcional de los episodios mayores, pueden asociarse a alguna merma en este aspecto; estas fluctuaciones crónicas del estado anímico modulan nuestra manera de ser, lo que puede ser desconcertante o agotador para nuestros familiares, ya que las personas pueden levantar grandes empresas o proyectos que posteriormente no pueden sostener, no por falta de talento o recursos, sino más bien porque el ánimo no acompaña con la energía o voluntad que estos requieren.  Tener objetivos realistas de largo plazo (años) relacionados con aspectos personales, laborales o académicos, metas alcanzables en el mediano plazo (meses) respecto al trabajo, los estudios o las próximas vacaciones, y sostener las rutinas de día a día puede ayudar a no interrumpir recurrentemente nuestros propósitos y los de nuestra familia.

Puede haber dificultades de diferenciar con otras condiciones que presentan cambios bruscos en los afectos, como el trastorno limítrofe de personalidad, que también tiene un curso crónico, sin embargo sus manifestaciones están relacionadas principalmente a los afectos con personas cercanas y las amenazas de separación.